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De Egipto al Siglo XXI: Mi Viaje Personal por la Historia de la Moda

  • Foto del escritor: Sonia Pérez
    Sonia Pérez
  • 13 oct 2025
  • 12 Min. de lectura

Siempre he sentido que la moda es más que ropa: es historia, identidad y decisión. Cuando empecé diseño y asesoría de imagen descubrí algo clave: para entender cómo vestimos hoy, hay que mirar atrás. Cada silueta, tejido y detalle responde a una época y a una forma de ver el mundo.

En este artículo recorro, con mis propios aprendizajes, la moda de Egipto al siglo XXI. Verás cómo el corsé, la toga o la minifalda no fueron simples tendencias, sino símbolos de cambios sociales. Y, sobre todo, qué me llevé de cada etapa para construir mi estilo actual.

En esta guía aprenderás:

  • Cómo fue cambiando la silueta femenina.

  • Qué valores transmitía la moda en cada época.

  • Qué rescatar hoy del pasado (sin disfraces).

  • Cómo todo esto influyó en mi visión del estilo personal.

Mujer en desfile con vestido de lino blanco, cinturón dorado y tocado egipcio moderno; pasarela iluminada en tonos dorados.
Egipto

Egipto: el inicio de la elegancia y la funcionalidad

En Egipto comenzó todo. Fue la primera civilización que convirtió la ropa en arte y símbolo de estatus. El lino blanco, los cinturones dorados y los accesorios de piedra reflejaban equilibrio, orden y belleza natural.

De esta época aprendí que la elegancia real está en la sencillez. No hace falta adornarse demasiado para transmitir presencia; basta con elegir materiales nobles y coherentes.

Modelo con vestido drapeado de gasa blanca, inspirado en la Grecia antigua, en movimiento suave sobre pasarela etérea.
Grecia

Grecia: cuando la moda se adaptó al cuerpo

Los griegos entendieron mejor que nadie la armonía y la proporción. El chiton y el himation caían con libertad, acompañando el movimiento del cuerpo sin oprimirlo. La moda se volvió natural, fluida y femenina.

Me gusta aplicar esa idea en mi estilo: ropa que se adapta a mí, no al revés. Cada vez que llevo una blusa con caída o una falda vaporosa, hay un poco de Grecia en mi armario.

Mujer con túnica estructurada y detalles metálicos, estilo romano reinterpretado en pasarela actual con fondo arquitectónico clásico.
Roma

Roma: la ropa como símbolo de poder e identidad

Roma llevó la moda a un nivel estructurado. Cada toga, capa o detalle metálico comunicaba jerarquía, ciudadanía y carácter. Era vestir con intención.

De Roma aprendí que la ropa es comunicación. Cada blazer, cinturón o conjunto estructurado proyecta seguridad, y eso no tiene nada que ver con la formalidad: tiene que ver con presencia.


🪶 Conclusión de esta etapa

De Egipto, Grecia y Roma aprendí las bases que todavía sostienen el estilo actual: la naturalidad, la armonía y la intención. Porque la moda no empezó como capricho, sino como lenguaje: el modo en que el ser humano quiso reflejar su lugar en el mundo.


Vestido burdeos con capa y terciopelo, look inspirado en moda medieval.
Medieval

Edad Media: el misterio, la modestia y la estructura del poder

Tras Roma llegó la sobriedad medieval. Túnicas largas, tejidos pesados y tonos profundos hablaban de respeto y contención. Las prendas empezaban a tener estructura y forma, preludio del corsé.

De esta época aprendí que la elegancia no siempre es brillo: a veces es silencio y actitud. Los colores oscuros, las texturas nobles y la presencia tranquila comunican tanto como un diseño llamativo.

Vestido renacentista moderno en tonos marfil y dorado con corsé suave y falda estructurada.
Renacimiento

Renacimiento: la armonía del cuerpo y el nacimiento del diseño

La moda se convirtió en arte. Corsés suaves, mangas estructuradas y faldas amplias destacaban la figura humana como símbolo de equilibrio y belleza.

Aprendí que la estructura puede realzar sin oprimir. Por eso adoro las prendas bien cortadas que definen la silueta sin perder comodidad: chaquetas entalladas, faldas con forma o vestidos con cintura marcada.


Vestido amplio de gasa con corsé claro y detalles florales, inspiración Rococó moderna.
Siglo XVIII

Rococó: el lujo, los detalles y la expresión femenina

El Rococó llevó el arte del vestir a su punto más decorativo: encajes, bordados, faldas enormes y colores pastel.Era un espectáculo visual.

De esta época aprendí que el exceso no siempre comunica poder, sino distancia. Hoy busco equilibrio: si una prenda destaca, el resto del look debe respirar.


Lo que me enseñaron estas dos épocas

El Renacimiento me enseñó la importancia de la forma. El Rococó, en cambio, me recordó que la moda también puede ser juego y expresión. Ambas épocas me ayudaron a entender que el equilibrio perfecto entre estructura y ligereza sigue siendo la base de un estilo elegante hoy.

En el fondo, me di cuenta de que todas las tendencias actuales —desde los corsés que volvieron a estar de moda hasta los volantes o bordados románticos— vienen de ahí. Y que conocer su origen te hace ver la ropa con otros ojos: ya no como una prenda, sino como una historia.


Vestido largo de gasa clara y cintura alta, inspirado en la moda de 1800–1820.
1800–1820

1800–1820: el regreso a la sencillez y la silueta imperio

Tras siglos de corsés rígidos y faldas pesadas, a comienzos del siglo XIX la moda dio un giro total. Inspiradas por el arte clásico y la elegancia de Grecia y Roma, las mujeres comenzaron a usar vestidos de corte imperio, con la cintura alta justo debajo del busto y tejidos ligeros como la muselina o el algodón.

Fue una época más natural, más libre y más femenina. El cuerpo ya no estaba oculto tras estructuras, sino que se insinuaba con suavidad. Los colores eran claros —blancos, crema, tonos pastel— y la decoración se centraba en pequeños bordados o detalles en el escote.

Cuando estudié esta etapa me pareció un respiro después de tanta rigidez. Aprendí que la elegancia puede venir del movimiento, la ligereza y la comodidad. Esa idea me inspira mucho hoy: me gusta cuando una prenda realza sin apretar, cuando el tejido acompaña el cuerpo en lugar de dominarlo.

De esta época también surgió algo muy interesante: la moda empezó a reflejar el inicio de la libertad femenina, tanto en el vestir como en el pensamiento. Era una mujer más real, más sensible y con presencia propia.


Vestido romántico con corsé ajustado, mangas abullonadas y falda amplia, inspiración 1820–1850.
1820–1850

1820–1850: el romanticismo y el regreso del volumen

Después de la ligereza de los vestidos imperio, la moda empezó a recuperar estructura y dramatismo. Durante el periodo romántico, las siluetas se transformaron otra vez: las cinturas bajaron a su posición natural, los corsés regresaron con fuerza y las faldas comenzaron a ganar volumen gracias a enaguas y capas de tejido.

Las mangas abullonadas, los escotes decorados y los peinados altos con rizos marcaron esta época. La figura femenina volvió a representarse como delicada, soñadora y elegante. Sin embargo, esta vez el objetivo ya no era solo mostrar estatus, sino también expresar emoción y sensibilidad.

Cuando estudié esta etapa entendí cómo la moda puede reflejar el estado emocional de una sociedad. El Romanticismo buscaba belleza, arte y sentimiento en todo, y eso también se veía en la forma de vestir. Me gusta pensar que fue un momento de equilibrio entre estructura y ternura: prendas muy trabajadas, pero con un aire poético.

Hoy, cuando elijo blusas con mangas voluminosas o faldas con algo de vuelo, inconscientemente repito esa inspiración romántica. Me recuerda que la moda también puede ser una forma de romanticismo moderno, donde el detalle cuenta y la suavidad sigue siendo sinónimo de fuerza.


Vestido victoriano reinterpretado con falda estructurada y corsé moderno.
1850–1869

1850–1869: la era victoriana y la crinolina

El siglo XIX fue un punto de inflexión total en la historia de la moda. Durante la época victoriana, las mujeres llevaban crinolinas, unas estructuras metálicas en forma de jaula que sostenían enormes faldas circulares. El ideal de belleza era una cintura mínima y una figura perfectamente redondeada.

Cuando analicé esta etapa, entendí cómo la moda empezó a imponer una imagen ideal del cuerpo femenino, y cómo muchas mujeres sufrían por adaptarse a ese molde. Hoy lo veo con perspectiva: el corsé o la crinolina no eran solo prendas, sino símbolos del papel social de la mujer en ese momento.

De esta época aprendí que no hay que dejar que la moda nos apriete, ni física ni mentalmente. La ropa debe ayudarnos a expresarnos, no limitarnos. Por eso, aunque me encanta la estética estructurada de los vestidos de esta era, me quedo solo con su elegancia y no con su rigidez.


Vestido con polisón reinterpretado, falda con volumen trasero y corsé estructurado.
1870–1889

1870–1889: el polisón y el nacimiento de la alta costura

A medida que avanzó el siglo, la silueta cambió. El volumen de las faldas se desplazó hacia atrás con el polisón, una estructura que creaba una forma de “cola”. La parte delantera quedaba más lisa, y los corsés seguían marcando la cintura.

Pero lo más importante de esta época fue el nacimiento de la Alta Costura. En 1858, Charles Frederick Worth abrió en París la primera casa de moda profesional. Por primera vez, un diseñador firmaba sus creaciones, presentaba colecciones y vestía a mujeres de todo el mundo. La moda se convertía en un oficio, no solo en una necesidad.

Como diseñadora y asesora, esta parte de la historia me inspiró muchísimo. Aprendí que la moda puede ser arte y profesión a la vez. Y que detrás de cada prenda bien hecha hay técnica, estudio y pasión. Por eso valoro tanto la costura, los tejidos y el trabajo manual: porque todo empezó aquí.


Modelos con vestidos fluidos y faldas amplias tipo Dior, reinterpretación 1910–1950.
1910-1950

1910–1950: elegancia, guerra y el renacer de la feminidad

Entre 1910 y 1950 la moda vivió su mayor transformación. Pasó de la elegancia decorativa de la Belle Époque a la funcionalidad de la guerra, y después al glamour más icónico del siglo XX. Fue una etapa de contrastes: las mujeres comenzaron a moverse, trabajar, participar en la sociedad y exigir libertad también a través de la ropa.

En los años 10, las siluetas se aligeraron. Los corsés desaparecieron poco a poco y los tejidos cayeron con más naturalidad. Era un paso hacia la comodidad, sin renunciar a la feminidad.

Con la Primera Guerra Mundial (1914–1918), la moda cambió por necesidad: las mujeres trabajaban en fábricas y necesitaban prendas prácticas. Los trajes de falda recta, las chaquetas y los tejidos resistentes se convirtieron en parte de la vida diaria. Fue el inicio del estilo funcional y del traje femenino moderno.

Después, en los años 20, llegó la revolución: vestidos cortos, flecos, brillo y movimiento. Las mujeres empezaron a disfrutar de su libertad, y la moda se volvió símbolo de juventud y cambio. Me encanta esta época porque representa la independencia femenina: la moda dejó de ser algo impuesto y empezó a ser una elección.

Los años 30 devolvieron la elegancia con líneas más largas y tejidos al bies, y los 40 volvieron a ser austeros por la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a partir de 1947, Christian Dior revolucionó la industria con su famoso New Look: cintura marcada, faldas amplias y un retorno al glamour más clásico.

Cuando estudié esta etapa, entendí cómo la moda se adapta a las emociones colectivas. De la guerra surgió el deseo de volver a sentirse bella. Y eso me enseñó algo importante: vestirse bien también puede ser una forma de sanar.

Hoy, cuando me pongo un vestido con vuelo o una prenda que resalta la figura, siento que hay algo de ese espíritu de los 50 en mí: la idea de que la feminidad no es debilidad, sino una fuerza que se expresa en cada detalle.


Looks inspirados en los 60 y 70 con minifaldas, estampados y estilo boho chic.
1960-1980

1960–1980: juventud, color y libertad total

Las décadas de los 60 y 70 marcaron un antes y un después en la historia de la moda. Después de los años 50, donde la feminidad era más clásica y controlada, llegó una generación que quería romper reglas y expresarse sin miedo.

Los años 60 trajeron el espíritu joven y rebelde. Las minifaldas de Mary Quant, los estampados geométricos, los colores vivos y las botas altas transformaron la forma de vestir. Por primera vez, la moda hablaba de energía, optimismo y futuro. Era una época en la que las mujeres empezaban a sentirse más dueñas de sí mismas, y eso se notaba en la ropa.

Me encanta esta década porque representa el inicio de algo que sigo defendiendo hoy: la moda como libertad. Vestir ya no era solo “verse bien”, sino mostrarse como una es.

En los años 70, el estilo se volvió más natural y bohemio. El movimiento hippie trajo pantalones acampanados, flores, tejidos suaves y un enfoque más artístico. También fue el momento en que surgió la diversidad de estilos: rock, disco, boho, punk… todos convivían en una explosión de creatividad.

Cuando analicé esta etapa, comprendí que la moda es también un reflejo de la búsqueda interior. Cada prenda contaba una historia distinta, y eso me hizo entender que no hay un solo modo de vestir bien, sino muchas formas de ser auténtica.

Hoy, cuando mezclo tejidos, colores o accesorios diferentes, siento que sigo ese espíritu de los 70:combinar lo que me gusta sin miedo al qué dirán, porque la seguridad personal siempre es el mejor complemento.


Look minimalista con vaqueros rectos, camiseta blanca y chaqueta sencilla.
1990-2000

1990–2000: minimalismo, autenticidad y el comienzo del estilo personal

Después de la energía y el exceso de los años 80, los 90 trajeron un cambio total: la moda se simplificó, los colores se apagaron y las formas se volvieron limpias y relajadas. Fue el inicio del minimalismo, una tendencia que apostaba por la comodidad, los básicos y la naturalidad.

En esta etapa aparecieron los vaqueros rectos, las camisetas lisas, los trajes sencillos y los tonos neutros. Marcas como Calvin Klein o Prada marcaron el estilo de una década en la que “menos es más” se convirtió en norma. Y aunque la apariencia era sencilla, detrás había una idea muy potente: la autenticidad era el nuevo lujo.

Los 90 también fueron el momento de las supermodelos, los desfiles icónicos y el auge del “street style”. La moda se volvió más accesible, más real. Ya no se trataba de parecer perfecta, sino de sentirse cómoda y segura.

Cuando estudié esta época, me sentí muy identificada. Me gusta esa mezcla entre lo natural y lo cuidado: prendas básicas bien combinadas, tejidos suaves, una buena chaqueta, unos vaqueros con forma y pocos accesorios, pero bien elegidos. Aprendí que la elegancia no siempre está en lo que destaca, sino en lo que encaja contigo.

Al final de la década, con el cambio de milenio, comenzaron a mezclarse las influencias: minimalismo, brillo, denim, futurismo… todo convivía sin reglas fijas. Fue el punto de partida del estilo personal moderno, donde cada persona podía crear su propia versión de la moda.


Modelos con looks sostenibles y diversos, reflejo de la moda del siglo XXI.
Siglo XXI

Siglo XXI: identidad, sostenibilidad y el valor de la autenticidad

El siglo XXI cambió por completo la forma de entender la moda. Ya no seguimos tendencias de manera ciega: ahora queremos saber quién fabrica la ropa, con qué materiales y qué representa. La moda se volvió más rápida, pero también más reflexiva. Conviven el consumo masivo con el movimiento slow fashion, y cada persona decide a qué lado quiere pertenecer.

Para mí, esta etapa simboliza madurez y conciencia. La ropa ha dejado de ser solo estética; ahora es una extensión de nuestros valores. Vestir bien ya no significa tener mucho, sino elegir con intención. Me gusta pensar que cada prenda que compro o conservo tiene una historia, un propósito y una energía detrás.

También es el momento en que la diversidad ganó protagonismo. En las pasarelas actuales hay mujeres de todas las edades, tallas, pieles y estilos. Y eso me parece uno de los mayores logros de la moda moderna: la aceptación real. Por fin se entiende que la belleza no tiene una forma única, sino infinitas.

Otro cambio clave ha sido la tecnología. La moda digital, el diseño 3D y la inteligencia artificial están transformando la forma de crear. Pero, al mismo tiempo, vemos un regreso al valor del oficio: el diseño artesanal, la costura lenta y el respeto por los materiales. Esa dualidad entre innovación y tradición es, para mí, lo que hace que esta época sea tan apasionante.

De todo este proceso aprendí que la moda actual no busca disfrazar, sino conectar. Cada persona puede expresarse libremente y construir su propio estilo con sentido. Y esa, al final, es la verdadera esencia de la elegancia: ser coherente con quien eres.


Mirar atrás me hizo entender que la moda no es algo superficial, sino un reflejo constante de quiénes somos. Cada época tuvo su manera de buscar belleza, identidad y libertad. Y, al final, eso es lo que todas seguimos buscando cuando elegimos qué ponernos cada mañana.

Estudiar la historia de la moda me ayudó a entender el presente con más claridad. Ya no veo una blusa, una falda o un zapato solo como una prenda: veo detrás siglos de cambios, de ideas y de mujeres que, como nosotras, usaron la ropa para expresarse.

Hoy, mi forma de vestir está marcada por todo lo que aprendí en este viaje:

  • Busco la sencillez elegante de Egipto.

  • La libertad fluida de Grecia.

  • La presencia segura de Roma.

  • La estructura equilibrada del Renacimiento.

  • El detalle femenino del Rococó.

  • La evolución práctica del siglo XIX.

  • La autenticidad creativa del siglo XX.

  • Y la conciencia moderna del siglo XXI.

💬 Porque vestir no es disfrazarse: es mostrarse tal como una es, pero con intención.

🌿 Mi reflexión final

Si algo me enseñó este recorrido es que la moda no impone, inspira. Nos invita a experimentar, a entendernos y a evolucionar. Y cuando logras alinear tu ropa con tu esencia, ocurre algo mágico: empiezas a verte como siempre quisiste sentirte.

Por eso sigo aprendiendo, experimentando y compartiendo lo que descubro. La historia de la moda no está en los museos: está en nosotras, en cada prenda que elegimos con intención.


¿Cómo vestir inspirado en otras épocas sin parecer disfrazada?Elige solo un detalle por look (un corsé, un volante, una falda con forma) y combínalo con prendas actuales y neutras.

¿Qué tendencias del pasado siguen vigentes hoy?Los drapeados griegos, las cinturas marcadas del Renacimiento y los volantes románticos del Rococó.

¿Cómo crear un armario más consciente en el siglo XXI?Compra menos, elige tejidos naturales, cuida lo que ya tienes y combina con intención.


👉 Cuéntame en comentarios:¿Con qué época de la moda te identificas más y por qué? Me encantará leerte y compartir ideas contigo. 💕

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Si te interesa entender mejor cómo adaptar la moda a tu figura, te encantará mi artículo sobre el Cuerpo Reloj de Arena: Lo que Aprendí de la Silueta Más Equilibrada (aunque mi cuerpo no lo sea) Aunque mi cuerpo no sea exactamente así, descubrí muchas claves sobre proporción, equilibrio y cómo usar la ropa a tu favor.


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Si prefieres looks elegantes, equilibrados y fáciles de combinar, no te pierdas mi guía de Cómo combinar colores neutros en tus outfits sin fallar: la guía definitiva Te enseño cómo mezclar tonos suaves para lograr un estilo limpio, moderno y sofisticado.


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